Una ciudad museo donde se respira juventud y arte por doquier. Te enseñamos esta bella ciudad universitaria.

Empezamos en la Plaza Mayor

En Salamanca, la sorpresa asalta al viajero en cualquier esquina, huella de un pasado esplendoroso y monumental para gozo del turista ávido de cultura e historia. Se necesitarían más de dos días para recorrer degustando esta mágica ciudad de estudiantes pero nosotros queremos que la saboreéis en un fin de semana.

Para ello contamos con que empezáis vuestra visita un sábado por la mañana. Si es así, el primer lugar que querréis conocer es la famosa Plaza Mayor. Callejeando llegamos a esta obra maestra de Churriguera, un magnífico recinto urbano con sus medallones, portales y el hermoso edificio del Ayuntamiento. Si tenéis suerte coincidiréis con la ronda de una de las muchas tunas que hay en Salamanca.

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Plaza Mayor de Salamanca by Eduardo Ortín – Flickr

Tras desayunar en alguno de sus antiguos cafés, empieza el recorrido. El primer punto del camino es la Iglesia de San Martín, si sales por el arco de la Plaza del Corrillo. Siguiendo por la transitada Rúa de Salamanca llegamos a las catedrales. Si, Salamanca tiene dos catedrales: la Vieja y la Nueva. Un acierto porque así podemos admirar hoy en día dos templos de gran valor.

Las Catedrales de Salamanca

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Catedral Nueva de Salamanca by Caty – Flickr

La Nueva, o de la Asunción de la Virgen, es una mezcla de estilos (Renacimiento, Barroco y predominando el Gótico) e iniciada en el siglo XVI.

Siendo una de las más grandes de España, sorprende por detalles tan curiosos como el buscado astronauta de su fachada. Entre los fabulosos relieves se encuentra esta atípica licencia creativa incluida en la restauración del año 1992. En el interior destacan las elevadas y largas naves de crucería y las noventa vidrieras que inundan de luz el templo.

Enfrente de la Catedral Nueva de Salamanca está el Palacio de Anaya.

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Palacio de Anaya by Eduardo Ortín – Flickr

Pero no dejamos la Catedral Nueva porque desde una podemos acceder a la otra, la Vieja o “Pequeña”. En el siglo XII se inició su construcción, combinando el gótico con el románico, dejándonos joyas como el gran Retablo de la Historia de la Salvación.

Podemos ahora visitar, cerca de aquí, el Huerto de Calixto y Melibea.

El tapeo

Y llega la hora de comer. Pero antes tienes que ir de tapas o pinchos por los alrededores de la Plaza. Muchos son los restaurantes o tascas donde salir con un buen sabor de boca pero por recomendar alguno, tienen fama la Fonda Veracruz (calle Veracruz), hoy Escuela de Hostelería, o el restaurante Momo en la Calle de San Pablo. No deje de probar el boletus con foie.

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Tapas en las calles de Salamanca by Maico Chelton – Flickr

Entre animadas callejuelas con ambiente juvenil, el tapeo en Salamanca es una tradición y un placer.

Para la tarde comenzamos bajando por San Pablo y, después, subiendo por Carvajal hasta la Cueva de Salamanca, lo que hoy queda de la cripta de la antigua iglesia de San Cebrián y que cuenta con una diabólica leyenda.

Y llegamos a la Universidad, una de las primeras y más prestigiosas de su tiempo en Europa.

Aquí estuvieron personajes tan relevantes como Fray Luis de León o Unamuno. La fachada plateresca y el edificio central son joyas que no se puede uno perder. En la fachada hay que localizar la famosa rana –lleva su tiempo-. No se pierda el llamado Cielo de Salamanca.

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Fachada de la Universidad de Salamanca by Alfonso Suárez – Flickr

Al atardecer, los monumentos se impregnan de un color oro que explica el sobrenombre de la Ciudad Dorada, con el que se conoce a la ciudad castellana. De nuevo volvemos al entorno de la Plaza para hacer el tapeo vespertino en lugares como el Mesón Cervantes. Pruebe el lomo de Kobe, de tradición salmantina, o las tortillas rellenas.

Para cenar que mejor que recorrerse la Calle Van Dyck y degustar las ricas carnes a la brasa. Y para finalizar el día, si queremos salir por la noche, en la calle Prior, Gran Vía o en la Bordadores se localizan algunos de los mejores locales de ocio nocturno.

Segundo día

Para este segundo día de nuestra visita a Salamanca tenemos reservado un paseo hasta la conocida como Casa de las Conchas. Este gótico edificio con detalles platerescos data del siglo XV, época en la que contrajeron matrimonio Doña María de Pimentel y Don Rodrigo Arias. Para celebrarlo edificaron esta bella construcción engalanada de flores de lis y conchas (sus linajes), de ahí su nombre.

La Casa de las Conchas fue cárcel de la Universidad y en la actualidad biblioteca pública. Se ubica enfrente del otro templo del saber salmantino, la Pontificia, más conocido como Clerecía. Destaca su portada barroca, el antiguo Colegio Real, el fabuloso claustro…En definitiva un gran conjunto arquitectónico y cultural que merece un capítulo aparte y que nos ocupará gran parte del día.

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Clerecía y Casa de las Conchas by Ramón Sobrino Torrens – Flickr

Pero en Salamanca hay mucho por ver: desde el Palacio de Monterrey –descendiendo por la Calle Compañía- hasta la Casa de las Muertes, sin olvidar la Iglesia de la Purísima y el Convento de las Agustinas al lado.

Mientras los apreciamos podemos bajar hasta la orilla del Tormes, el río que acaricia Salamanca. Si cruzamos al otro lado, el precioso Puente Romano o la fachada sur de la Casa de Lis, junto a la muralla, enmarcan una bella y conocida postal catedralicia.

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Palacio de Monterrey by marcos moreno – Flickr

Al volver podemos visitar los Dominicos de la Calle San Pablo, la Torres de los Anaya o el Palacio de la Salina.

Cómo llegar

En coche: Desde Madrid a través de la autovía A-50. Otras carreteras principales que llegan a Salamanca son la A-62 y la A-66.

En autobús: Mediante la compañía Avanza Bus puedes venir desde la terminal 1 del aeropuerto de Madrid-Barajas y desde la Estación Sur de Madrid.

En tren: Desde la estación de Chamartín de Madrid y desde otras ciudades nacionales e internacionales puedes llegar a Salamanca.

En avión: Salamanca tiene un pequeño aeropuerto, el de Matacán.

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